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      El musical como analgésico también para los días de sol. Parece ser la proclama de la que se ha apropiado la Filmoteca de Cataluña durante esta programación veraniega. La ingente cantidad de obras cumbre del género bailan por su cartelera. Es por ello, que aprovechando esta visibilidad, se hace relevante la indagación en la gestación y desarrollo de un género, en ocasiones desprestigiado, como es el musical.

       

      Hablar de su nacimiento supone hablar de Broadway, así como de la ópera europea. Dos fuentes sumamente relevantes de las que beberá el género en su gestación. Será gracias a Broadway desde donde partirán muchas de las estrellas que posteriormente protagonizarán los grandes éxitos de cartelera. Son muchos los críticos que citan The Jazz Singer (El Cantor de Jazz, 1927, Alan Crossland) como la película inaugural del género.

      Serán los estudios de la Metro Goldwyn Meyer los pioneros en cine sonoro y musical, dominando la escena durante las décadas de los 40 y 50, con tres grandes productores musicales a la cabeza: Arthur Freed, Jack Cummings y Joe Pasternak. Será Freed el encargado de reunir a la mayoría de artistas que posteriormente se convertirían en estrellas. Sustrae a los mismos de otros estudios y facilita su debut. Se rodea del mayor talento posible en el campo de cantantes, coreógrafos, escenógrafos o bailarines… Muchos de los cuales parten de Broadway. Freed creará lo que se conocerá posteriormente como musical integral, recogiendo que cualquier elemento de puesta en escena contribuye a ejecutar el espectáculo musical.

      La escenografía se sitúa como elemento clave definitorio del género. Los escenarios son sumamente artificiales, de colores vistosos, generando un gran potencial para trasladar al espectador sensación de alegría y vitalidad. Hemos de tener en cuenta, que el musical queda definido por su sensación impregnada de felicidad, la luz es intensa y apenas encontramos sombras. Respecto a la planificación, el género cuenta con un amplio abanico. La cámara tiende a moverse ágil e imparable. Nos hace partícipes de los bailes gracias a diversos travellings, planos secuencias… El número de extras es fundamental y abundante, dota al filme de un vertiginoso ritmo interno. Además, es fundamental hablar del meta lenguaje. Son numerosos los musicales que hablan del propio sistema de estudios, de los entresijos del Star System. La sensación de espectáculo es constante y muchos se desarrollan entre bambalinas.

      A finales de los 50, con un gran número de obras producidas y con aclamadas estrellas del género como Judy Garland o Gene Kelly, el musical experimenta sus últimos días de gloria. Comienzan a resultar producciones poco rentables económicamente hablando y los despachos dedicados al género, comienzan a cerrar. El telón cayó y con él, cayeron las luces, la orquesta y los bailarines.